Miomas uterinos, medicina integrativa y transición a la menopausia: el caso de una paciente de 50 años
Pacientes reales 02 Jun 2026

Miomas uterinos, medicina integrativa y transición a la menopausia: el caso de una paciente de 50 años

Una paciente de 50 años acudió a consulta buscando una alternativa a la cirugía. Desde hacía aproximadamente cinco años utilizaba anticoncepción hormonal continua para bloquear la menstruación debido a la presencia de cinco miomas uterinos de gran tamaño, localizados en diferentes capas del útero (subserosos e intramurales), asociados a hemorragias menstruales muy abundantes cuando suspendía la medicación.

Además de los sangrados, presentaba numerosos síntomas que afectaban significativamente a su calidad de vida: dolor y presión en el abdomen inferior, estreñimiento, sensación constante de hinchazón, retención importante de líquidos, edemas y obesidad abdominal. La evaluación ginecológica consideraba que existía una indicación quirúrgica clara, pero la paciente deseaba explorar otras opciones antes de someterse a una intervención.

Tras una valoración integral, decidimos suspender la anticoncepción hormonal e iniciar un programa terapéutico dirigido a reducir la inflamación sistémica, optimizar el metabolismo hormonal y acompañar la transición hacia la menopausia.

El tratamiento incluyó:

Alimentación antiinflamatoria individualizada.

Regularización de los horarios de comida, evitando el picoteo constante.

Terapia hormonal bioidéntica, comenzando con progesterona micronizada y añadiendo posteriormente estradiol transdérmico a dosis bajas para tratar sofocos, agotamiento y síntomas asociados a la transición menopáusica.

Suplementación personalizada según resultados analíticos, incluyendo vitamina D, hierro,vitamina C,sulforafano, DIM (diindolilmetano), berberina, coenzima Q10, ácidos grasos omega-3 y vitaminas del complejo B.

Tras aproximadamente tres meses de tratamiento reapareció la menstruación. Inicialmente fue abundante, como cabía esperar después de años de supresión hormonal, pero en los ciclos posteriores evolucionó hacia sangrados de características normales.

La evolución clínica durante los siguientes meses fue muy favorable. La paciente experimentó una reducción progresiva de la hinchazón abdominal, mejoría del tránsito intestinal, disminución de la retención de líquidos y una pérdida significativa de volumen abdominal. También refirió un aumento notable de la energía, desaparición de la fatiga persistente y una mejor calidad del sueño.

A los diez meses de seguimiento, la ecografía vaginal mostró una reducción del tamaño de los miomas uterinos y un endometrio de aspecto normal, sin engrosamiento patológico. La mejoría clínica y ecográfica permitió reconsiderar la necesidad de cirugía, desapareciendo la indicación quirúrgica que existía inicialmente.

Este caso ilustra cómo un abordaje integrativo, basado en cambios nutricionales, optimización hormonal, corrección de déficits nutricionales y acompañamiento individualizado, puede mejorar significativamente la calidad de vida de algunas mujeres durante la perimenopausia. Aunque cada paciente requiere una valoración personalizada y los resultados no pueden extrapolarse a todos los casos, la medicina integrativa ofrece herramientas valiosas para complementar el seguimiento ginecológico convencional.

Actualmente, el objetivo terapéutico es continuar acompañando a la paciente durante la transición hacia la menopausia, manteniendo su bienestar, monitorizando la evolución de los miomas y favoreciendo una llegada fisiológica y saludable a esta nueva etapa de la vida.