El cuerpo femenino antes de la menstruación: ¿por qué cambian el peso, la energía, el apetito, el sueño y el estado emocional?
Perimenopausia y Menopausia 23 Okt 2026

El cuerpo femenino antes de la menstruación: ¿por qué cambian el peso, la energía, el apetito, el sueño y el estado emocional?

Síndrome premenstrual: comprender los cambios físicos y emocionales de la fase lútea

 

Muchas mujeres reconocen un patrón que se repite cada mes: unos días antes de la menstruación, el abdomen se hincha, el peso aumenta, los pechos se vuelven sensibles, aparece un cansancio difícil de explicar y cambia la relación con la comida. Algunas sienten una necesidad intensa de descansar, mientras que otras experimentan ansiedad, irritabilidad, insomnio o una sensación de estar emocionalmente desbordadas.

Estos cambios no son imaginarios ni representan necesariamente una falta de voluntad. El ciclo menstrual implica una compleja interacción entre los ovarios, el cerebro, el sistema nervioso, el metabolismo, el aparato digestivo y los mecanismos que regulan los líquidos corporales.

Cuando los síntomas físicos y emocionales aparecen de manera cíclica antes de la regla y afectan al bienestar o a la vida cotidiana, podemos encontrarnos ante un síndrome premenstrual (SPM).

1. ¿Qué ocurre en el organismo antes de la regla?

El ciclo menstrual se divide, de forma simplificada, en una fase folicular, la ovulación y una fase lútea. Esta última comienza después de la ovulación y termina con la menstruación.

Durante la fase lútea, el cuerpo lúteo produce progesterona y también estradiol. Si no se produce un embarazo, ambas hormonas disminuyen al final del ciclo.

Sin embargo, el síndrome premenstrual no se explica simplemente por tener demasiadas o demasiado pocas hormonas. En muchas mujeres, las concentraciones hormonales se encuentran dentro de los límites fisiológicos, pero el cerebro y otros tejidos parecen responder de manera diferente a las fluctuaciones normales del ciclo.

Entre los mecanismos estudiados destacan:

La sensibilidad individual a los cambios de estradiol y progesterona.

La acción de la alopregnanolona, un metabolito de la progesterona que modula los receptores GABA-A del sistema nervioso central.

Los cambios en la regulación del estado de ánimo, el estrés, el sueño y el apetito.

Las variaciones en la retención de líquidos, la función intestinal y la percepción del dolor.

La investigación sugiere que, en algunas mujeres con SPM y especialmente en aquellas con trastorno disfórico premenstrual (TDPM), existe una sensibilidad aumentada a las fluctuaciones hormonales normales. Por tanto, no siempre es correcto interpretar los síntomas como una alteración de las concentraciones hormonales.

2. ¿Cuántas mujeres experimentan síndrome premenstrual?

Las cifras varían según la población estudiada, la definición empleada y la intensidad de los síntomas.

Hasta aproximadamente el 75 %–90 % de las mujeres en edad reproductiva puede experimentar algún síntoma premenstrual a lo largo de su vida reproductiva, según distintas revisiones y criterios de estudio.

Alrededor del 20 %–30 % presenta síntomas suficientemente relevantes como para considerarse compatibles con un SPM clínicamente.

Entre el 2 % y el 5 % aproximadamente, según determinadas estimaciones tradicionales, presenta un trastorno disfórico premenstrual, la forma más grave y predominantemente afectiva del espectro premenstrual. 

Estas cifras no son equivalentes: tener algún síntoma antes de la regla no significa necesariamente padecer un síndrome premenstrual clínico.

Además, los síntomas pueden variar mucho de una mujer a otra y cambiar a lo largo de la vida, incluidos los años de transición hacia la menopausia.

3. Aumento repentino de peso: ¿grasa corporal o líquidos?

Una de las experiencias más desconcertantes es comprobar que el peso aumenta varios días antes de la menstruación, incluso cuando la alimentación no ha cambiado de forma importante.

Este incremento suele estar relacionado, al menos en parte, con cambios temporales en el agua corporal, el contenido intestinal y la distensión abdominal. No significa automáticamente que se haya acumulado grasa.

Durante la fase lútea pueden producirse cambios en la regulación renal del sodio y del agua, así como en los mecanismos hormonales que intervienen en el equilibrio hidroelectrolítico. La progesterona, los estrógenos y otros sistemas reguladores participan en procesos complejos; no existe un único mecanismo que explique todos los casos.

El peso también puede aumentar por estreñimiento, digestión más lenta en algunas mujeres, mayor ingesta de alimentos o cambios en el consumo de sal y carbohidratos.

Es importante distinguir tres fenómenos:

Retención de líquidos: aumento temporal del agua corporal, que puede acompañarse de sensación de hinchazón.

Distensión abdominal: incremento del volumen del abdomen debido a gases, contenido intestinal o cambios en la sensibilidad digestiva.

Aumento de grasa corporal: requiere un balance energético acumulado y no suele explicarse por una subida brusca de peso de pocos días.

No existe una cifra universal de aumento de peso premenstrual. Algunas mujeres apenas perciben cambios; otras observan variaciones de varios cientos de gramos o, en ocasiones, superiores a un kilogramo. La magnitud depende de cada organismo y de las circunstancias del ciclo.

La distensión y el peso suelen mejorar durante la menstruación o después de su inicio.

4. Retención de líquidos: hinchazón, abdomen distendido y sensación de pesadez

La retención de líquidos puede manifestarse como:

Abdomen hinchado o sensación de tensión abdominal.

Anillos que aprietan más de lo habitual.

Sensación de pesadez en las piernas.

Hinchazón facial o de los dedos.

Variaciones rápidas del peso corporal.

Los estrógenos, la progesterona y los sistemas renales que regulan el sodio y el agua participan en el equilibrio de líquidos. Sin embargo, la relación entre estas hormonas y la retención premenstrual es compleja y no todas las mujeres responden de la misma manera.

La hinchazón también puede tener un componente digestivo. Los gases, el estreñimiento y los cambios en la motilidad intestinal pueden contribuir a que el abdomen parezca más voluminoso, incluso sin una retención generalizada de líquidos.

Una distinción clínica importante: la hinchazón cíclica que desaparece tras la menstruación es diferente de un edema persistente, progresivo o acompañado de dificultad respiratoria, que necesita una evaluación específica.

5. Cansancio intenso, somnolencia y necesidad de descansar

Algunas mujeres describen los días anteriores a la regla como si su energía se agotara de repente. Les cuesta levantarse, concentrarse, hacer ejercicio o mantener el ritmo habitual de trabajo.

Este cansancio puede relacionarse con varios factores:

Cambios neuroendocrinos. Las fluctuaciones de estradiol, progesterona y sus metabolitos influyen en circuitos cerebrales implicados en la activación, la motivación y la regulación emocional.

Alteraciones del sueño. El sueño puede volverse menos reparador, fragmentarse o acompañarse de dificultad para conciliarlo. La falta de descanso aumenta a su vez la fatiga y la sensibilidad emocional.

Síntomas físicos. El dolor mamario, los cólicos, la distensión abdominal y las cefaleas pueden consumir recursos físicos y dificultar el descanso.

Estado emocional. La ansiedad, la irritabilidad y el bajo estado de ánimo pueden aumentar la percepción del esfuerzo y disminuir la motivación.

La fatiga intensa, sin embargo, no debe atribuirse automáticamente al síndrome premenstrual. Si persiste durante todo el mes, es importante considerar otras causas, como ferropenia o anemia, alteraciones tiroideas, trastornos del sueño, infecciones, depresión u otros problemas médicos.

6. ¿Por qué aparecen las ganas de comer y los antojos?

Durante la fase lútea, algunas mujeres experimentan más hambre, buscan alimentos dulces o salados o sienten que necesitan comer con mayor frecuencia.

La investigación ha encontrado que el consumo energético puede aumentar modestamente durante la fase lútea en algunas mujeres, aunque los resultados son variables. No todas experimentan este fenómeno y la magnitud del cambio depende de la persona y del estudio.

Entre los mecanismos posibles se encuentran:

Cambios en las señales cerebrales relacionadas con el hambre y la saciedad.

Interacción entre las hormonas sexuales y los circuitos de recompensa.

Mayor necesidad subjetiva de energía cuando existe cansancio o sueño insuficiente.

Cambios emocionales que modifican la apetencia por alimentos gratificantes.

Variaciones en la rutina, la actividad física y la alimentación.

Los antojos de chocolate, dulces, pan, pasta o alimentos salados son frecuentes en las descripciones clínicas del SPM. Sin embargo, no existe una única explicación hormonal demostrada para todos los antojos.

Tampoco es correcto asumir que estos deseos reflejan necesariamente una carencia de magnesio, hierro, vitaminas o cualquier otro nutriente. Los antojos por sí solos no permiten diagnosticar una deficiencia nutricional.

7. Letargia, falta de motivación y sensación de funcionar más despacio

La letargia premenstrual puede sentirse como una disminución general de la vitalidad: cuesta empezar tareas, pensar con rapidez, organizar actividades o mantener la atención.

Aunque se relaciona con la fatiga, no es exactamente lo mismo. Una mujer puede sentirse físicamente descansada y, aun así, notar menor motivación o una especie de niebla mental.

Se han estudiado los efectos de las fluctuaciones hormonales sobre los sistemas serotoninérgico y GABAérgico, que participan en la regulación del ánimo, la ansiedad, el sueño y otros procesos cerebrales.

Algunas mujeres también describen dificultades de concentración, olvidos, menor tolerancia a las exigencias cotidianas y una mayor sensación de esfuerzo mental.

Estas manifestaciones pueden ser especialmente relevantes cuando interfieren con el trabajo, los estudios, la vida familiar o las relaciones personales.

8. Mamas dolorosas, hinchadas o sensibles

La mastalgia cíclica es el dolor mamario que aparece o empeora en relación con determinadas fases del ciclo menstrual.

Puede manifestarse como:

Sensibilidad al tocar las mamas.

Sensación de hinchazón o tensión.

Dolor difuso en ambas mamas.

Sensación de pesadez.

Mayor molestia al correr, dormir de lado o realizar determinados movimientos.

Las mamas responden a las señales hormonales del ciclo. Los cambios en los tejidos mamarios, el contenido de líquido y la sensibilidad al dolor pueden contribuir a estos síntomas.

No se ha demostrado que el dolor mamario premenstrual se deba siempre a un exceso de estrógenos o a una deficiencia de progesterona. La intensidad del síntoma no permite deducir por sí sola el perfil hormonal de una mujer.

El patrón típico es bilateral, cíclico y con mejoría después de comenzar la menstruación. Un bulto nuevo, una secreción espontánea por el pezón, cambios cutáneos persistentes o dolor focal que no desaparece merecen una valoración clínica, aunque exista también un patrón premenstrual.

9. Insomnio y sueño menos reparador

El sueño puede cambiar durante la fase lútea. Algunas mujeres sienten más sueño durante el día, mientras que otras tardan en dormirse, se despiertan durante la noche o se levantan sin sensación de descanso.

La progesterona y sus metabolitos tienen efectos sobre los sistemas cerebrales que regulan el sueño y la excitabilidad neuronal. Además, la temperatura corporal basal suele elevarse ligeramente después de la ovulación por efecto de la progesterona.

En determinadas mujeres, esta combinación de cambios fisiológicos, síntomas físicos y sensibilidad neurobiológica puede coincidir con un sueño menos satisfactorio.

La relación no es idéntica para todas: algunas mujeres no perciben cambios, y otras presentan alteraciones importantes del sueño vinculadas al estado emocional o a molestias físicas.

El insomnio también puede amplificar otros síntomas. Dormir poco puede aumentar la irritabilidad, modificar el apetito, reducir la tolerancia al estrés y empeorar la sensación de cansancio al día siguiente.

10. Ansiedad, irritabilidad y cambios emocionales

El síndrome premenstrual no se limita al cuerpo. En algunas mujeres, los cambios emocionales son los síntomas más incapacitantes.

Pueden aparecer:

Ansiedad o sensación de inquietud.

Irritabilidad y menor tolerancia a la frustración.

Tristeza o llanto fácil.

Cambios rápidos del estado de ánimo.

Mayor sensibilidad al rechazo o a los conflictos.

Sensación de estar desbordada.

Dificultad para concentrarse.

Disminución del interés por actividades habituales.

La investigación apunta a una interacción entre las fluctuaciones de las hormonas ováricas y los sistemas cerebrales que regulan el estado de ánimo, en particular las vías serotoninérgicas y la señalización relacionada con GABA-A.

La alopregnanolona, derivada de la progesterona, es una de las moléculas más estudiadas en el trastorno disfórico premenstrual. En algunas mujeres, la respuesta cerebral a sus variaciones podría contribuir a los síntomas emocionales.

Esto no significa que el estradiol o la progesterona estén necesariamente fuera del rango normal. La sensibilidad individual a sus cambios puede ser más relevante que una concentración hormonal aislada.

Tampoco significa que los conflictos emocionales sean imaginarios o que toda reacción emocional premenstrual se deba a las hormonas. El contexto personal, el estrés, el sueño y los trastornos del estado de ánimo preexistentes pueden interactuar con el ciclo.

11. Cefaleas, migrañas y mayor sensibilidad al dolor

Algunas mujeres presentan dolor de cabeza antes de la menstruación o experimentan un empeoramiento de la migraña en torno a esos días.

En las migrañas menstruales, la retirada de estrógenos al final de la fase lútea puede desempeñar un papel importante. Este fenómeno es diferente de atribuir todos los dolores de cabeza premenstruales a una alteración hormonal única.

También pueden cambiar la sensibilidad mamaria, la percepción de los cólicos, la tolerancia a determinados estímulos y la sensación general de malestar.

La aparición de un dolor de cabeza súbito e intensísimo, síntomas neurológicos nuevos o un dolor claramente diferente del habitual requiere atención médica y no debe considerarse simplemente parte del SPM.

12. Estreñimiento, gases y cambios en la digestión

El aparato digestivo también puede verse afectado por el ciclo menstrual.

Algunas mujeres presentan estreñimiento, gases y sensación de plenitud abdominal; otras experimentan heces más blandas o diarrea alrededor del comienzo de la menstruación.

Las hormonas sexuales interactúan con la motilidad gastrointestinal, la sensibilidad visceral y los mecanismos que regulan la percepción del dolor. La progesterona se ha relacionado con cambios en la motilidad, aunque los efectos observados varían entre estudios y personas.

Al comenzar la menstruación, las prostaglandinas contribuyen a las contracciones uterinas y pueden influir también en el intestino, favoreciendo deposiciones más frecuentes o diarrea en algunas mujeres.

Cuando existe síndrome de intestino irritable, los síntomas digestivos pueden fluctuar con el ciclo y resultar más intensos en determinados momentos.

El estreñimiento persistente, el dolor abdominal progresivo, la sangre en las heces o una distensión que no desaparece después de la menstruación no deben atribuirse automáticamente al SPM.

13. Otros cambios que pueden aparecer antes de la regla

Además de los síntomas anteriores, algunas mujeres describen:

Acné y cambios cutáneos. Las fluctuaciones hormonales pueden influir en la actividad sebácea y favorecer brotes de acné en los días previos a la menstruación.

Cambios en la libido. El deseo sexual puede aumentar, disminuir o permanecer estable. No existe un patrón universal.

Mareos o sensación de debilidad. Son síntomas inespecíficos que pueden coincidir con el periodo premenstrual, pero requieren interpretación según su intensidad, duración y contexto.

Dolor muscular o articular. Algunas mujeres refieren molestias generalizadas o una mayor percepción del dolor.

Cambios en la tolerancia al estrés. Las situaciones cotidianas pueden sentirse más exigentes, especialmente cuando coinciden ansiedad, falta de sueño y fatiga.

Disminución de la concentración. La sensación de niebla mental puede afectar la memoria de trabajo, la atención y la organización de tareas.

Cambios en la sexualidad y las relaciones. El dolor, la fatiga y las variaciones emocionales pueden modificar el deseo de intimidad o la necesidad de espacio personal.

La presencia de uno o varios de estos síntomas no confirma por sí sola un síndrome premenstrual. Lo importante es su patrón cíclico, su intensidad y su relación con la vida cotidiana.

14. ¿Por qué algunas mujeres tienen muchos síntomas y otras casi ninguno?

La respuesta probablemente reside en una combinación de factores biológicos, psicológicos y ambientales.

La genética puede contribuir a la susceptibilidad individual. Los estudios sobre el trastorno disfórico premenstrual sugieren que algunas mujeres presentan una sensibilidad particular a las variaciones de las hormonas ováricas y a sus efectos sobre el sistema nervioso.

También pueden influir el estrés, los trastornos del sueño, la presencia de migraña, el síndrome de intestino irritable, la depresión, la ansiedad y otros problemas de salud.

No obstante, una asociación no demuestra causalidad. Por ejemplo, que el estrés se relacione con síntomas premenstruales más intensos no significa que sea la única causa del síndrome.

El SPM tampoco es un fenómeno exclusivamente psicológico ni una consecuencia inevitable de ser mujer. Es un conjunto heterogéneo de síntomas cuya intensidad y expresión varían entre personas y ciclos.

15. Síndrome premenstrual y trastorno disfórico premenstrual: no son lo mismo

El SPM comprende síntomas físicos y emocionales que aparecen de manera cíclica y pueden afectar a la calidad de vida.

El trastorno disfórico premenstrual (TDPM) es una condición más grave, caracterizada por síntomas afectivos importantes, como irritabilidad intensa, ansiedad, tristeza marcada o cambios de ánimo, que provocan un deterioro significativo del funcionamiento cotidiano.

Para establecer el diagnóstico, no basta con que los síntomas aparezcan antes de la regla: deben seguir un patrón temporal característico y cumplir criterios clínicos específicos. Los registros diarios durante al menos dos ciclos suelen ser importantes para confirmar el patrón.

También es fundamental diferenciar estos trastornos del empeoramiento premenstrual de una enfermedad que ya existe durante el resto del mes, como la depresión, la ansiedad, la migraña o el síndrome de intestino irritable.

16. ¿Qué importancia tiene reconocer el patrón cíclico?

La característica central del SPM es la relación temporal con el ciclo menstrual. Los síntomas suelen aparecer durante la fase lútea, mejorar durante los primeros días de la menstruación y presentar un intervalo de mejoría durante la fase folicular, aunque el patrón individual puede variar.

La evaluación clínica se basa principalmente en la historia de los síntomas, su repercusión y su evolución a lo largo de los ciclos. No existe un análisis hormonal único que confirme el síndrome premenstrual.

En función de los síntomas, el contexto y la exploración, el profesional sanitario puede valorar otras causas, como anemia o ferropenia, alteraciones tiroideas, trastornos del sueño, embarazo, efectos de medicamentos u otras enfermedades.

La hinchazón o el cansancio persistentes durante todo el mes, los cambios importantes y recientes del ciclo, el dolor intenso o los síntomas emocionales graves merecen una valoración individual.

Conclusión

Los días anteriores a la menstruación pueden representar un periodo de cambios reales en el peso, el equilibrio de líquidos, el apetito, el sueño, la energía, la digestión, la sensibilidad mamaria y el estado emocional.

Estos fenómenos se relacionan con la interacción entre las hormonas ováricas, el sistema nervioso, los mecanismos metabólicos y la sensibilidad individual. No existe una única causa que explique todos los síntomas, ni todas las mujeres experimentan las mismas transformaciones.

Comprender la fisiología del ciclo permite distinguir los cambios transitorios habituales de los síntomas intensos o persistentes que necesitan una evaluación médica. El síndrome premenstrual no se define por una lista aislada de molestias, sino por un patrón cíclico reproducible y por su repercusión en la vida de cada mujer.