Grasa abdominal visceral: un tejido metabólicamente activo, proinflamatorio y factor de riesgo cardiometabólico
Enfermedades crónicas 23 Jun 2026

Grasa abdominal visceral: un tejido metabólicamente activo, proinflamatorio y factor de riesgo cardiometabólico

La grasa abdominal, especialmente la grasa visceral (visceral adipose tissue, VAT), no es simplemente un depósito inerte de energía. La evidencia científica de las últimas décadas ha demostrado que se trata de un órgano endocrino activo, capaz de secretar múltiples mediadores biológicos que influyen en el metabolismo, la inflamación sistémica y el riesgo cardiovascular. A diferencia de la grasa subcutánea(la que se siente debajo de la piel), la grasa visceral se localiza alrededor de órganos como hígado, intestinos y riñones, y tiene una actividad metabólica y endocrina mucho más intensa.

La grasa visceral como tejido proinflamatorio

En condiciones de exceso calórico y obesidad, los adipocitos viscerales aumentan de tamaño (hipertrofia) y se produce una disfunción del tejido adiposo. Este proceso se acompaña de:

Hipoxia del tejido adiposo

Estrés del retículo endoplásmico

Muerte de adipocitos

Infiltración de macrófagos y células inmunes

Estos cambios activan vías inflamatorias como NF-κB y favorecen la liberación de citoquinas proinflamatorias como:

TNF-α (factor de necrosis tumoral alfa)

IL-6 (interleucina 6)

MCP-1 (proteína quimioatrayente de monocitos)

Esto genera un estado de inflamación crónica de bajo grado, característico de la obesidad visceral.

La grasa abdominal como órgano endocrino

Hoy se sabe que el tejido adiposo visceral actúa como un órgano endocrino que secreta:

Adipocinas proinflamatorias

Ácidos grasos libres

Mediadores oxidativos

Vesículas extracelulares

Este “secretoma” altera el equilibrio metabólico del organismo, promoviendo un perfil proinflamatorio y proaterogénico.

Mecanismos de daño sistémico

La grasa visceral contribuye al daño sistémico mediante varios mecanismos:

1. Resistencia a la insulina

El exceso de ácidos grasos libres y citoquinas inflamatorias altera la señalización de la insulina, favoreciendo:

Diabetes tipo 2

Hiperinsulinemia

Síndrome metabólico

2. Disfunción hepática

La grasa visceral drena directamente hacia el hígado (sistema portal), provocando:

Esteatosis hepática (hígado graso)

Alteración del metabolismo de lípidos

Aumento de triglicéridos

3. Inflamación vascular

Las citoquinas inflamatorias afectan el endotelio vascular, favoreciendo:

Disfunción endotelial

Aterosclerosis

Rigidez arterial

4. Estrés oxidativo y fibrosis

El tejido adiposo disfuncional también genera:

Radicales libres

Remodelación tisular

Fibrosis local

Enfermedades asociadas a la grasa abdominal

La literatura médica ha establecido una fuerte asociación entre la grasa visceral y múltiples patologías:

Enfermedades cardiovasculares

Hipertensión arterial

Infarto de miocardio

Insuficiencia cardíaca

Aterosclerosis

Enfermedades metabólicas

Diabetes tipo 2

Síndrome metabólico

Dislipidemia

Enfermedades hepáticas

Hígado graso no alcohólico (NAFLD)

 

Otros riesgos

Mayor riesgo de algunos cánceres

Inflamación crónica sistémica

Envejecimiento acelerado

 

Grasa visceral vs grasa subcutánea

No toda la grasa corporal tiene el mismo impacto:

Grasa subcutánea: relativamente más estable y menos inflamatoria

Grasa visceral: altamente metabólica, proinflamatoria y con mayor impacto cardiovascular

La evidencia indica que el riesgo cardiometabólico depende más de la distribución de la grasa que de la cantidad total. 

 

Conclusión

La grasa abdominal visceral debe entenderse como un órgano endocrino activo con capacidad inflamatoria sistémica. Su exceso desencadena un estado de inflamación crónica de bajo grado que actúa como base fisiopatológica de enfermedades metabólicas, cardiovasculares y hepáticas.

Por ello, la reducción de la grasa visceral mediante alimentación, ejercicio físico y control metabólico es un objetivo clave en la prevención de enfermedades crónicas.