Bruxismo e hipoclorhidria: ¿existe una relación?
Enfermedades crónicas 10 Iul 2026

Bruxismo e hipoclorhidria: ¿existe una relación?

Introducción El bruxismo es una actividad involuntaria de los músculos de la mandíbula que consiste en apretar o rechinar los dientes, tanto durante el sueño como durante el día. Se estima que afecta aproximadamente al 8-15 % de los adultos, aunque el bruxismo diurno relacionado con el estrés puede ser aún más frecuente. Tradicionalmente se ha atribuido al estrés, la ansiedad, las alteraciones del sueño o problemas de la mordida. Sin embargo, algunos profesionales de la medicina funcional consideran que, en determinados pacientes, una hipoclorhidria (producción insuficiente de ácido clorhídrico en el estómago) puede contribuir indirectamente al bruxismo al favorecer una peor digestión y activar respuestas del sistema nervioso. Es importante señalar que esta relación no está demostrada de forma concluyente en estudios clínicos, aunque existen observaciones clínicas y algunos mecanismos fisiológicos que podrían explicarla.

 

¿Qué es la hipoclorhidria?

 

La hipoclorhidria es la disminución de la producción de ácido clorhídrico por las células parietales del estómago.

 

El ácido gástrico es necesario para:

 

Desnaturalizar las proteínas.

 

Activar la pepsina, la enzima que digiere las proteínas.

 

Absorber hierro, vitamina B12, zinc, calcio y magnesio.

 

Eliminar microorganismos ingeridos con los alimentos.

 

Estimular una digestión adecuada.

 

Cuando hay poco ácido, la digestión puede hacerse más lenta y aparecer síntomas como:

 

Hinchazón después de comer.

 

Sensación de pesadez.

 

Eructos frecuentes.

 

Gases.

 

Digestiones lentas.

 

Reflujo en algunos pacientes.

 

¿Cómo podría relacionarse con el bruxismo?

 

Se han propuesto varios mecanismos:

 

Digestión incompleta de las proteínas.

 

Mayor fermentación intestinal.

 

Distensión del estómago.

 

Activación del nervio vago.

 

Microdespertares durante la noche.

 

Aumento de la actividad del sistema nervioso simpático.

 

En personas predispuestas, estos factores podrían favorecer el apretamiento mandibular nocturno.

 

Además, las deficiencias de magnesio, hierro, vitamina B12 o zinc secundarias a una hipoclorhidria mantenida podrían influir en la función muscular y neurológica.

 

La prueba casera del bicarbonato

 

Una prueba popular consiste en:

 

Levantarse en ayunas.

 

Disolver aproximadamente 1/4 de cucharadita de bicarbonato de sodio en unos 150-200 ml de agua.

 

Beber la mezcla rápidamente.

 

Medir el tiempo hasta el primer eructo.

 

Interpretación orientativa:

 

Menos de 2-3 minutos: producción de ácido posiblemente normal.

 

Más de 5 minutos: podría sugerir hipoclorhidria.

 

Ausencia de eructo durante varios minutos: podría indicar baja producción de ácido.

 

Esta prueba no está validada científicamente y no permite diagnosticar la hipoclorhidria por sí sola. Debe interpretarse con cautela y junto con la historia clínica y otras pruebas cuando sea necesario.

 

Diagnóstico médico

 

El diagnóstico puede incluir:

 

Historia clínica detallada.

 

Analítica con ferritina, hierro, vitamina B12, ácido fólico y zinc.

 

Valoración de magnesio.

 

Gastroscopia cuando está indicada.

 

Estudios específicos de acidez gástrica en casos seleccionados.

 

También es importante descartar infección por Helicobacter pylori, gastritis atrófica o el uso prolongado de inhibidores de la bomba de protones.

 

Tratamiento

 

En algunos pacientes seleccionados y siempre bajo supervisión de un profesional sanitario, puede valorarse el uso de betaína HCl con pepsina para apoyar la digestión cuando existe sospecha de hipoclorhidria y no hay contraindicaciones.

 

La betaína HCl aporta ácido clorhídrico y la pepsina facilita la digestión de las proteínas.

 

No debe utilizarse en personas con:

 

Úlcera gástrica o duodenal.

 

Gastritis erosiva.

 

Esofagitis activa.

 

Reflujo importante no controlado.

 

Tratamiento con antiinflamatorios que aumenten el riesgo de úlcera.

 

Sin una valoración profesional previa.

 

El tratamiento suele iniciarse con dosis bajas durante las comidas ricas en proteínas y ajustarse según la tolerancia y la evolución clínica.

 

Además, conviene:

 

Comer despacio y masticar bien.

 

Evitar el exceso de alcohol.

 

Corregir posibles déficits de hierro, vitamina B12, zinc y magnesio.

 

Reducir el estrés mediante técnicas de relajación, ejercicio y una buena higiene del sueño.

 

Utilizar férulas de descarga cuando exista un bruxismo importante.

 

Conclusión

 

Aunque la evidencia científica actual no demuestra que la hipoclorhidria sea una causa directa del bruxismo, en algunos pacientes ambos problemas pueden coexistir y tratar la alteración digestiva podría mejorar los síntomas. La valoración debe ser individualizada y el uso de betaína HCl con pepsina debe realizarse únicamente cuando esté indicado y bajo supervisión profesional.

Pruebas médicas más fiables

Medición del pH gástrico (patrón de referencia)

Se realiza durante una gastroscopia o mediante una sonda.

Un pH gástrico elevado (por encima de 3-4 en ayunas) sugiere hipoclorhidria.

Es la prueba más directa para valorar la acidez del estómago.

Prueba de estimulación con gastrina o pentagastrina

Se mide la capacidad del estómago para producir ácido tras administrar un estimulante.

Se utiliza sobre todo en centros especializados.

Análisis de sangre pueden aportar datos indirectos:

Gastrina elevada.

Pepsinógeno I bajo o relación pepsinógeno I/II disminuida.

Déficit de vitamina B12, hierro o ferritina.

Anticuerpos contra las células parietales o contra el factor intrínseco, si se sospecha gastritis autoinmune.

Biopsias durante la gastroscopia

Permiten diagnosticar gastritis atrófica, una causa frecuente de hipoclorhidria.